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>LA BIENAL DE WHITNEY
CONTRADICTORIAMENTE CONTROVERSIAL

por: Jesús Béjar
Artista visual peruano residente en Canadá.



Urs Fisher. The intelligence of flowers (agujero al fondo). 2003
& Untittled (ramas girando). 2005.

Abierta por primera vez a los artistas del mundo entero la Bienal New Yorkense, innova, perturba. Aquí sondeamos las mejores obras de los artistas de los que se habla.

Una amiga artista me preguntó cual de las bienales me pareció más lograda, esta o la última versión? Y como le respondi a ella, verdaderamente creo que estéticamente y mejor curada fue la del 2004, pero si hay que otorgar un valor más de índole de compromiso social y denuncias más certeras indudablemente la de este año.

Acogida sin gran entusiasmo por la prensa new yorkense, La bienal de Whitney 2006 perturba. No respondiendo a los estereotipos del mercado del arte, ni a una procedencia “100% made in américa”, esta muestra marca este año un vuelco diferente de gran talla: de los 101 artistas participantes más de la cuarta parte no son americanos, sino franceses, cubanos, británicos, alemanes, jamaiquinos…¿Cómo pensar la nacionalidad en terminos de barreras geográficas, proclaman los curadores, cuando después de Marcel Duchamp, los artistas se han ingeniado para hacerlas desaparecer?

Basculando severamente esa parte nacionalista, la vieja dama de 73 años se ha puesto a prueba eligiendo a la británica Chrissie Iles, conservadora del Whitney, y al francés Philippe Vergne, director conservador y jefe de Walker Art Center, de Minneapolis.

El titulo de la bienal, «Day for Night» es una referencia explicita a la pelicula La noche Americana de François Truffaut realizada en1973. Es la confusión que desplega el film que ha interesado a los dos curadores. La bienal refleja los cambios bruscos contemporáneos, entre ficción y realidad, donde solo nuestras certidumbres se mezclan dentro de las imágenes en un estado de incertidumbre generalizada.

Una gran energía de protesta recorre el conjunto de la bienal: Esculturas, videos, pinturas, instalaciones todas trasmiten un mismo sentimiento de rabia frente a la situación económica y política actual. Al exterior del museo, en la entrada la “Peace tower”, (Torre de la paz) de Rirkrit Tiravanija y del escultor Mark di Suvero dan el tono, donde más de 200 artistas han sido invitados para intervenir. Resultado: la torre, verdadero totem, se muestra como un signo declarativo de oposición franca a la intervención actual de Norteamerica en Irak. Por otro lado, la censura mediática y política está en juego; en la versión de Jordan Wolfson, el discurso final de la película de Charlie Chaplin, El gran dictador es proyectada en lenguaje de signos.


Urs Fisher. The intelligence of flowers. 2003

Unos pasos más allá la espectacular instalación de Urs Fischer pareciera lanzar un nuevo desafio a los espacios intramuros de los “white cubes”. Pudiendo observar en una misma sala, un muro entrecortado a la manera de Gordon Matta-Clark, una escultura en movimiento donde las marcas de cera de dos velas forman sobre el piso dos circulos enlazados, en una de las paredes suspendida en gran formato un autorretrato hiperrealista del pintor Rudolf Stingel, al lado de las esculturas monumentales de Dan Colen que sorprenden no sólo por su dimensión, sino, porque ellas están fabricadas en papel maché «decoradas» con graffitis y gomas de mascar.


Dan Colen. Untitled. 2006.

En cuanto al trabajo collectivo titulado “Don’t Trust Anyone Over Thirty, All Over Again”, y que agrupa entre otros a Tony Oursles y Dan Graham, tiene mucho de cinismo con un matiz psicodelico visto ya en la versión filmada de su opera rock marioneta: un adolescente elégido presidente de los Estados Unidos reeduca el Congreso a golpe de LSD.


Francesco Vezzoli. Trailer Caligula.

Sobre un modo de satira, Francesco Vezzoli desvía los códigos del cinema hollywoodense, proyectando a la manera de un “avance” su film Calígula, el cual ya provocó ciertos delirios en la última bienal de Venecia. Después de tantas proyecciones la podemos ver en su versión modificada que nos da el efecto de sorpresa.

En cada piso del museo, el espectador hace una pausa para observar las pinturas en forma de afiches necrológicos de Adam McEwen rindiendo homenaje a personalidades públicas americanas: Bill Clinton, Nicole Kidman y Jeff Koons figuran entre los elegidos.

En fin, entre los descubrimientos a no olvidar, la obra fotográfica íntima de Anne Collier, la escultura hibrida formalista de Liz Lamer, el documental-ficción de Marie Losier sobre el dramaturgo Richard Foreman, la proyección sobre el piso de Paul Chan, fascina al público al descubrir una visión literalmente secuestrada de un universo apocalíptico de sombras entrecortadas.

Y para terminar, quien sabe, poniendo el punto más neurálgico en estos días de zozobra para la poblacion inmigrante, la obra delatadora  Inmigrants Influence Home Culture de Carolina Caycedo miembro del grupo collectivo “Colombianos Artistas Cambalache” se incrusta con el proyecto ambulatorio “Museo De la Calle”, una obra evidentemente mortificadora para el sistema americano, que se fusiona muy bien con las esculturas de Nari Ward, quien, usando objetos descartados y encontrados en el paisaje urbano crea instalaciones que evocan experiencias de disturbio en el camino de la memoria social, explorando un nuevo territorio donde los hechos reales y la ficción representan un sólo lenguaje: el de la controversia que se dilata en una bienal de capitalismo cultural puro.

Habría que destacar a manera de apreciación personal que la Bienal de Whitney sirve muchas veces como una ventajosa ventana para los nuevos artistas que desean mostrarse a un público especializado, ya sea al de los curadores, galeristas o centros de Arte, para difundir una creación de una manera más extensa, ya que es curioso encontrar entre los expositores, «jovenes valores» que no han expuesto anteriormente ya sea en colectivas o individuales. Y como nunca hoy en día New York, que se diferencia enormemente en lo que concierne a ideologias y americanismo en comparacion a los otros estados, con su inmensa red de galerías contemporáneas se abre al mundo y a los artistas como una fuerte alternativa al margen de las idealizaciones.

En contrapunto con la Bienal, la exposición Down by Law organizada por Massimiliano Gioni, Maurizio Cattelan y Ali Subotnick, quienes interrogan a través de la intervención de 54 artistas la imagen negra de la America, el otro lado de la medalla o infierno del sueño Americano, muy coherente, está fuera del circuito, pero merece ser vista.



Jesús Bejar y Orlan en New York.

 
 
   
 

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