Galería Municipal Pancho Fierro
15 de marzo - 29 de abril de 2007
> SOBRE EL II CONCURSO METROPOLITANO
DE ARTÍSTAS JÓVENES
Por: Patricia Pajuelo

Jacqueline Rivas. Little people badly hurt. Pintura digital e impresión láser.
Es destacable la iniciativa dirigida a impulsar la creación de los jóvenes artistas, sobretodo en nuestro medio donde los pocos y pequeños espacios utilizan recurrentemente la idea de la antología o la retrospectiva –sin desacreditar por ello la labor de los maestros. Y es poco, también, el espacio para difundir los trabajos de aquellos que se inician en la escena artística; cuando lo cierto es que nuestros contemporáneos y sus obras deberían ser lo más inmediato y cotidiano a nosotros.
La segunda edición del Concurso Metropolitano de Artistas Jóvenes, organizada por la galería Pancho Fierro y la Municipalidad de Lima, abre la posibilidad de exponer las obras de la generación de artistas más reciente –tan comunicante como las generaciones anteriores– y ofrece al espectador un panorama actualizado de los más recientes lineamientos artísticos del movimiento local.
En un primer y rápido recorrido por esta muestra se hace notoria la calidad de las obras en exposición, se entiende por ello la formación académica de los participantes. Es interesante que los trabajos producidos para este concurso presenten un buen nivel de carácter técnico y estético, pues denota, a su vez, el nivel de enseñanza y la capacidad de aprendizaje de los mencionados aspectos. Sin embargo, adquirir capacidades técnicas y estéticas son el inicio de un proceso creativo que debería conjugarse con las propias inquietudes de artista (tanto personales, como sociales), para culminar en una obra original y significativa.
En muchos de los casos esta unidad se logra, aunque en ocasiones resulta un tanto confusa; como excepción cabría mencionar la instalación de Soledad Jerónimo y la serie fotográfica de Raquel Esquives, ambas logran justificar con la temática el uso del medio. Es coherente relacionar la idea del espiral (además impactante por su monumentalidad) en relación al principio de la vida y muerte, esto en la obra de Jerónimo.
En el caso de Raquel Esquives, aunque de lectura más evidente que la anterior, el retrato fotográfico, como símbolo de la vanidad, respalda la idea de la perversión en torno a los cánones de belleza impuestos en nuestra sociedad, lo que también implica la posición crítica de la artista sobre la banalidad de nuestro medio.

Eriván Phumphiú. O sube o baja (detalle). Acrílico sobre tela.
Esta muestra es el hecho evidente de estar frente a nuevos lineamientos artísticos, que solían tener a la pintura como la abanderada del arte. Si el arte es la vida de las sociedades, es lógico que las obras expuestas en esta muestra respondan a nuestra realidad. Es entonces que, tal como en la cotidianeidad de la mayoría de individuos, nos topamos con el fenómeno global de la digitalización. Precisamente las obras ganadoras (más interesantes que espectaculares), pertenecientes a Kenji Nakama, Musik Nolte y Juan Salas, presentan formatos digitales: fotografía digital, video e impresión por inyección de tinta, e impresión digital, respectivamente. Esto manifiesta el hecho que la apertura hacia nuevos lenguajes artísticos está ya establecida, aunque aún se cuestione la inclusión de estas prácticas como manifestaciones de arte, la cantidad de trabajos presentados al concurso en mención que se valen del medio digital responde por sí misma a la duda.
En términos generales, esta muestra pone de manifiesto las circunstancias que inquietan a nuestros jóvenes artistas locales, y más allá de la relevancia del contenido, los trabajos expuestos cumplen su función comunicante. Es indudable–e inevitable en este tipo de concursos– la influencia del jurado en los resultados; de este modo se explica la dominancia, por un lado, de una corriente colorista y, por otro, de los medios digitales y las instalaciones, entre las obras finalmente expuestas; lo que puede remitirnos a la producción artística del propio comité deliberador: Armando Williams, Natalia Iguiñiz y Roberto Huarcaya.

Juan Salas. Flujo (detalle). Impresión digital.
Es así que llama la atención entre las propuestas la tendencia hacia las composiciones equilibradas, los colores vibrantes y los lenguajes abstractos, que, como en el caso de Eriván Phumphiu, evocan al ejercicio pictórico de Williams. Por otro lado también encontramos el recurso del afiche chicha, que por su propia naturaleza es generador de reacciones, muy utilizado como herramienta de crítica social, y composiciones narrativas, como las de Jaqueline Rivas y Sheila Alvarado, que nos transmiten la subjetividad de las artistas, desde un punto de vista sentimental y melancólico, denotado por la cuestión de género; en ambos casos se circula por la línea de Natalia Iguiñiz que sabemos se orienta hacia la crítica y denuncia social.
No podían faltar las imágenes (fotográficas y videos) como fortísima presencia de los intereses de Huarcaya –y la misma Iguiñiz–; estos son los registros más utilizados en la muestra. Series fotográficas e instalaciones que parten de conceptos específicos y se despliegan en cada una de sus partes –algunas veces excediéndose en la reiteración– para narrarnos la temática de la obra, se han de encontrar como un recurso común. Alejandro Jaime, Jorge Ochoa, Camilo Gutiérrez, Francisco Carbajal, son algunos de los participantes que transitan dentro de esta línea.
Se entiende entonces el trabajo de Kenji Nakama, serie fotográfica digital, de lenguaje abstracto y colorista además de un contenido que nos acerca a una realidad impregnada de nuevas visiones, como la obra ganadora de este concurso.
Definitivamente, aún hay mucho más por hacer; circunscribir esta clase de concursos al ámbito de Lima Metropolitana limita el hecho de poder espectar panorámicamente la labor artística más allá de nuestro propio sector–central, individualista y pocas veces interesado en la función crítico-social del artista. Pero podría ser un punto de partida generador de otras propuestas similares que ofrezcan posibilidades de presentar artistas y trabajos pluralistas que comuniquen las inquietudes de todos nuestros núcleos sociales.
PATRICIA PAJUELO
Estudiante de Historiadora de Arte en la Escuela Nacional Mayor de San Marcos. Egresada de la Escuela de Cine Charles Chaplin.