>HACIA LA DEMOCRATIZACIÓN DE LOS MUSEOS
Por: Juan Peralta
“...Museos: ¡Dormitorios públicos en que se reposa para siempre junto a seres odiados e ignotos! Museos: ¡Absurdos mataderos de pintores y escultores que van matándose ferozmente a golpes de colores y de líneas a los largo de las paredes disputadas!”
Fragmento del Fundación y Manifiesto del futurismo, primer manifiesto firmado por el escritor italiano Filippo Tomasso Marinetti, publicado en LeFígaro el 20 de febrero de 1909, cuestionando el estado cultural de aquel entonces en el marco del surgimiento de las vanguardias –los “ismos”– que configuraron la ruptura y la transformación de las artes plásticas, ampliando el concepto del arte y sus prácticas.

Allá por los años de la Revolución Francesa cuando las conciencias marchaban por la consolidación de los estados, surge el MUSEO como hijo de la Ilustración y parte de la utopía burguesa. El Louvre formado en 1793 con los bienes artísticos confiscados a la Corona se convirtió en el “museo modelo” a nivel mundial.
Durante mucho tiempo los museos cumplieron su rol de custodio del patrimonio encerrado entre sus muros, llegando a tener una imagen burocrática y elitista frente a las exigencias sociales cada vez más crecientes. Alrededor de las décadas del 60 y 70 del siglo XX se promovieron protestas que originaron cambios en los modelos de gestión y organización museística, abriendo el camino hacia el interés por el arte contemporáneo. Se recuerda los movimientos de protesta alentados por Henry Flynt y Jack Smith hacia 1963 en la puerta del Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Hacia los años 80, los museos se transformarían en verdaderas industrias culturales cuya distinción las daba la colección misma y el tipo de servicio ofrecido. Todo ello incorporaba la museografía y los programas educativos como parte de una política más democrática bajo una proyección de venta que terminó por asegurar el consumo cada vez mayor de los espacios culturales.
Actualmente, los museos son concebidos como centros gestores que promueven el desarrollo sostenible de las comunidades de su entorno, aprovechando el llamado “tiempo de ocio” para proponer estrategias de mercado acordes con el horario libre y las temporadas de vacaciones. Como manifiesta Santos Zunzunegui (2003: Metamorfosis de la Mirada) estos espacios se vienen comportando como verdaderos provocadores del consumo de fetiches al ofertar catálogos y souvenirs de las mismas exposiciones o colecciones, hecho que representa el éxito de la cultura mass-mediática de nuestros días.
Los museos peruanos mantienen en gran medida las bases del siglo XIX sobre las cuales se insertan algunos esfuerzos de ciertos sectores por tratar de cambiar su imagen, pero con el mismo principio básico: adquisición, conservación, estudio, exposicióny enseñanza aunque de manera muy vertical y limitada.
Existe la necesidad de articular el museo en los hábitos de la gente. Nuestra sociedad carece del hábito de consumo cultural comparado con otros países, debido a la ausencia de políticas trazadas por el gobierno central y sus instituciones. La situación se mantiene y la desidia es cada vez mayor. El critico y curador Gustavo Buntinx, promotor de MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”), se expresa sobre el tema:
¿A qué se debe este vacío museal del que usted habla?
-Se corresponde con un vacío económico, sin duda, pero también social y político. Tenemos la carencia de un grupo dominante que sepa además ser dirigente. No existe un proyecto real de nación en los sectores dominantes peruanos y esto se refleja en una serie de problemas que tiene el país que también afectan a la cultura.
¿Su proyecto pretende colaborar en el desarrollo del país?
-Partimos de la premisa de que el museo es un elemento de construcción de comunidad, tanto de sentidos como de sentimientos. No apostamos a una fórmula nacionalista chata, sino por la creación de estructuras y vínculos afectivos, conceptuales, sensoriales incluso sensuales, y para ello llamamos a romper con esta actitud pasiva en espera de una actitud positiva por parte de los grupos dominantes.
En: http://www.encuentroentredosmares.com/entrevistas/BUNTINX,-LIBERTADOR-DEL-ARTE-4.php
“Buntinx, libertador del arte”. I Encuentro entre dos Mares. Bienal Sao Paulo – Valencia. Marzo – junio de 2007.
Resulta conmovedor aspirar que nuestros museos alienten a la construcción de comunidad, ya que hasta ahora no se ha dado una política con criterios más dinámicos e inclusivos, y en ese sentido lo expuesto por Buntinx resulta una esperanza o utopía y hasta cierto punto una contradicción, porque de lo que se trata es un cambio de mentalidad y su consecuencia puesta en acción, cosa aún por verse.
Pero más allá de esos detalles, la necesidad se convierte en una real urgencia por promover la construcción de modelos de gestión, cuyo accionar implique aspectos como el compromiso social que permita el establecimiento de puentes interculturales, la oportunidad educativa y estrategias de desarrollo social desde la cultura, lo cual puede significar el inicio de la erección de una “sociedad del conocimiento” y qué mejor desde un espacio como el museo.
Suzanne De Borhegyi sostiene que:
Los profesionales de los museos deberían estar en contacto con el mundo exterior y saber lo que la gente piensa y espera de los museos...
Esa misma actitud de escuchar a la comunidad, no se presenta en nuestras instituciones. Lo mismo diríamos del aspecto legal que requiere de mayores precisiones en el tema cultural, mayor inversión y difusión por el lado económico, adecuación de sus espacios en cuanto a infraestructura, capacitación y tecnología, construcción de programas ágiles y pedagógicos, una mayor inversión en la labor de investigación con una visión interdisciplinaria, entre otras.
A pesar de estas necesidades, se han venido gestando algunas propuestas interesantes como “El museo de noche” realizada por el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú de Pueblo Libre; el programa para niños que trabaja el Museo de Sitio de Puruchuco; el Museo del Banco Central de Reserva y el esfuerzo del Museo Numismático del Banco de Crédito del Perú.
En tal sentido, la situación de cambio de gobierno –para el caso del gobierno central y de reelección para la gestión municipal– se dio en un contexto interesante, con la expectativa de generar una actitud de cambio a través de la cultura y la educación, situación que sigue manteniéndose en esa misma vía: la espera.
Y como brecha por resolver, queda abierta la herida en torno al ansiado museo de arte contemporáneo, un tema espinoso que expresa esa visión arcaica que tenemos y mantenemos, y que pareciera representar una actitud cómoda que aspirar construir nuestra identidad desde una mirada fragmentada y plural desde lo contemporáneo.
>ENTREVISTAS

Alberto Casari
Alberto Casari, artista y promotor de Productos Peruanos Para Pensar (PPPP) opina:
Lo que hay que democratizar –nos comenta Casari– es la sociedad peruana en general, que es el cuerpo. Luego, ese cuerpo tiene infinidad de sombras y una de estas es la cultura, donde podríamos colocar a los museos. No puedes enderezar la sombra, lo que debes enderezar es el cuerpo y automáticamente la sombra se endereza (viejo refrán budista....)
¿Cómo ve la gestión de los museos como proceso de construcción de espacios de concertación, intercambio y aprendizaje?
-Hay que distinguir museos históricos, antropológicos y etnológicos, con museos de arte antiguo y arte contemporáneo. De estos últimos no existe uno solo en Perú, por lo tanto al hablar de ellos estaríamos en el campo hipotético. En cuanto a los primeros y segundos sí creo que sirven para el aprendizaje y complemento en la educación de las escuelas. En cuanto al museo de arte contemporáneo la cosa es más compleja, ya que el arte actual no está para enseñarnos nada, sino para generar espacios de intercambio, donde la gente se sienta libre y que lo que allí se vea despierte nuestro potencial creativo. Ahora, hay una manifestación de paternalismo muy recurrente en el Perú cuando se toca el tema de la cultura y de hacerse un MAC. Me refiero a no mezclar lo contemporáneo con lo folklórico y /o artesanal, los cuales deben tener también sus espacios.
¿Considera que la gente realmente aprende en un museo?
–Como te dije, en un museo histórico o antropológico sí, pero a condición de que la presentación de las salas y objetos sea moderna, ágil, científica, divertida, interdisciplinaria, apoyada por las nuevas tecnologías (por ejemplo y manteniendo las distancias: el Museo de Antropología y Etnología de Nueva York) y no la obsoleta, poco profesional (guías que no saben nada) y hasta aburridísima como son nuestros museos antropológicos y precolombinos. En un MAC el espectador no aprende nada, pero si debe salir "tocado" en lo profundo por algo que podríamos denominar una "iluminación".
¿Qué es lo que esperaría de un museo, llámese de arte contemporáneo?
–Espero que la meta no sea hacer uno solo, sino varios. Por un lado está el MAC como obra arquitectónica de envergadura (donde el contenedor se vuelve tan importante como el contenido), construida por un arquitecto de fama internacional (convocado para el efecto en un concurso de nivel internacional).
Esta es una opción que le caería muy bien a una ciudad como Lima, desprovista de monumentos contemporáneos importantes, lo cual atraería mucho turismo. Veamos lo que pasó en España, con una ciudad como Bilbao, donde antes de la construcción del Guggenheim no IBA NADIE y ahora, es un foco de atracción tremendo. Que nuestro MAC se convierta en la Macchu Picchu de Lima ¿por qué no? Luego hay otro tipo de MAC, como el PS1 de Nueva York, donde definitivamente el contenido es lo que hace al museo. Pero en este último caso, la gestión es importantísima y la elección de los artistas también.
Ambos tipos de museo, sin embargo, deben contar con una base económica sólida que permita organizar eventos y muestras internacionales. No solo servirán para presentar la producción nacional, sino también, para organizar muestras de artistas extranjeros. El intercambio debe ser de Perú con el mundo, o al menos, con el resto del continente. Estamos en la era de la globalización, deberíamos tener curadores peruanos y extranjeros trabajando juntos. El director tampoco necesariamente debe ser peruano. Como sucede para el fútbol, si no hay técnicos nacionales a la altura, hay que buscarlos afuera.

Alfonso Castrillón
Alfonso Castrillón, museólogo crítico de arte y fundador del Sistema Nacional de Museos del INC en los años 90, opina:
¿Cómo ve la acción del INC en torno a los museos?
–Respecto a esta pregunta definitivamente el INC, que yo sepa, no ha hecho nada por convertir a los museos en centros de participación, educación o espacios interactivos. No lo ha hecho porque no tiene personal preparado…
¿Cuales cree usted que deban ser las acciones a tomar para hacer de los museos verdaderos gestores culturales?
–Lo primero que debe lograrse es que los Museos se administren independientemente y que no dependan del presupuesto del INC. Si un museo se administra bien podrá poner en marcha programas de educación y realizar mejores exposiciones; también servirá de emulación a otros. Pero si produces 100 y sólo te dan 25, no puedes hacer nada.
¿Qué opinión tiene del actual Sistema Nacional de Museos?
–El Sistema se creó para ayudar a los museos de provincia y no para controlar a los de la capital, como muchos creyeron. Mi experiencia fue frustrante porque luego de un año de trabajo para conectarnos y tener una lista de los museos nacionales, municipales, etc. Cambiaron al director del INC, y entró un señor arequipeño de cuyo nombre no quiero acordarme y cometió la estupidez de llamar a dos museólogos mexicanos para que hicieran el diagnóstico de nuestros museos, cuando el Sistema tenía todos los datos.
Sin embargo, en un año nos comunicamos con muchos museos del Perú y publicamos Ceques, boletín que contenía buena información y diversos consejos de conservación. Cuando comenzamos a hacer planes para trabajar con tres museos pilotos (Ica, Arequipa, Piura, etc) sucedió el cambio.
Desde entonces no se cuáles son sus avances. Sé que Giuliana Borea estaba trabajando bien porque, además, es una profesional muy capaz, pero la cambiaron no se por qué razón.
Respecto a si debe mantenerse este sistema, desde mi punto de vista, te respondo que sí, se podría hacer muchísimo por los museos provinciales.
¿Cual es su opinión sobre la necesidad de un Museo de Arte Contemporáneo en nuestro medio?
–En todo país desarrollado existe un Museo de Arte Contemporáneo, sólo en el Perú es una ausencia, como si sólo quisiéramos pertenecer al pasado u ocultarnos en él, o enorgullecernos de lo que fuimos, pero no de lo que somos.
Mi actitud frente a la cultura nativa es respetuosa, no necesito demostrarlo, pero no podemos vivir sólo del pasado; quizás por eso somos tan quedados, tan faltos de imaginación, tan flojos y adormecidos.
Paradójicamente, consecuencia de esta actitud pasadista es la creencia, en un pequeño círculo, de que el IAC debe construir el MAC. El IAC ya fue, ya cumplió, y se le reconoce sus logros en los 50, pero pasó su época. Resucitarlo es una locura, es darle cuerda a un muerto. Si cuando estaban vivos los señores que lo fundaron y mantuvieron, no pudieron hacer el museo, hoy día menos.
Yo pienso que hay dos proyectos prioritarios y fundamentales en la agenda del próximo alcalde de Lima: El teatro Municipal y el MAC. Ojalá que, quien salga, se asesore y pueda dar en el clavo
