>El músculo de Matthew Barney
Por Patricia Villanueva

Aimee Mullins y Matthew Barney
The Cremaster 3. Video. 182 minutos. 2003.
Otoño 2002 en Paris, y Matthew Barney, considerado la nueva megaestrella del arte moderno, con la pinta de un topmodel y una corte de groupies regado por el mundo (además, de estar casado con la islandesa Björk), acababa de inaugurar la muestra más importante de su carrera en el Museo de Arte Contemporaneo de la Villa de Paris.
Con un vocabulario especialmente críptico, Matthew Barney es un artista conceptual que se convirtió en toda una sensación entre los postmodernistas durante el final del siglo XX. En su primera individual, unas esculturas hechas con tapioca y vaselina, mezcla de aparatos de ejercicio y tortura, y varias performances psico-sexuales llenan la galería y cambian su carrera para siempre. Fueron performances como Open-Close, donde Barney se masturbaba, y luego, empastaba su ano hasta cerrarlo, las que hacen que New York se pusiera de cabeza.
La crítica se dividió. La mayoría no puede entender cómo un artista cuya paleta parecen ser escrotos, anos y testículos, y quien pareciera sufrir de múltiples demencias, había logrado transformar su manifiesto sobre lo desagradable que podía volverse el existir, en una forma aceptable de arte. Kimmelman, el crítico de arte del NY Times, lo llama "el artista crucial de esta generación" pero la mayoría busca censura. Ésta no se dirigió directamente al artista, ya que los críticos lo tildaron de "mentalmente afectado", si no a la ecuación: curador + crítico + media = gran artista. Ecuación que lo estaba elevando al status de nuevo mesias del arte.
Hace un tiempo, un hombre que se cerrara el ano, era simplemente un hombre con problemas que resolver; pero el mundo cambia. Sobre todo si viene la Guggenheim a salvarte.

Dicen que no hay nada mejor para un artista que el ser censurado. Matthew Barney se subió a la ola, y en 1996 gana el Premio Hugo Boss del Museo Guggenheim. De esta relación artista-mecenas que ha durado 8 años, nace la serie que ha transformado a Barney en un SuperStar intocable del arte moderno. Esta es la serie de cinco sorprendentes películas que forman el "Cremaster Cycle" y que es el resultado de la obsesión del artista por obtener una obra de arte total.
Cremaster no es el nombre de un super heroe, si no el nombre técnico del músculo que contrae los testículos, subiéndolos y bajándolos, en función de estímulos diversos, con el fin de regularizar la temperatura y poder proteger la formación y sobrevivencia de los espermatozoides.
Barney, no sólo había viajado a Paris a participar en la inauguración de la muestra, si no a dirigir personalmente el montaje. Obseso detallista, se podía ver su mano en cada detalle y rincón. La impresionante entrada, daba paso a las alfombras diseñadas por el artista, las cuales cubrían la gran escalera del museo. Mitad rosada, mitad verde, con su logo personal, en el centro, como siempre. Y es que Barney no trabaja en un ambiente de colaboración colectiva, más bien lo hace tomando el lugar de un curador que junta a expertos de diversas áreas para enfocarse en la creación de una visión monolítica. La suya, claro.
En la obra de Barney, el dibujo y el film se combinan para engendrar fotografía y escultura. Al principio, una enigmática serie fotográfica de Barney y otros personajes de su personal mitología; Ursula Andress tiene el rol de la Queen of Chain, y el escultor Richard Serra toma el papel del arquitecto Hiram Habiff, (diseñador del edificio Chrysler). El mismo artista se transforma en sátiro con cintas de seda atadas al pene y en un aprendiz de masón. Usando imaginería, narrativa y personajes, mas no diálogos, Barney consigue describir un complejo mundo personal.
Luego, cada sala contiene un filme, y esculturas inspiradas en él. Cada proyección digital estaba siendo presenciada por una multitud de público de todas las edades y nacionalidades, desparramados por el piso del museo con la mirada hacia la pantalla, como hipnotizados. Y así siguió cada día hasta el final de la muestra. Hubo fines de semanas en que se programaba una Petit Nuit Blanche; el museo abría toda la noche para que más gente pudiera ver la exposición.
Finalmente, el ciclo termina con una suntuosa escena en la famosa rotonda del Guggenheim. Digamos que fue el perfecto broche de oro y el regalo ideal para una fundación que arriesgó toda credibilidad al tomar a este artista bajo su protección.
Ahora la rama de crítica que más lo atacaba, no pasa de llamarlo a él y a su obra de "falo-céntrica" o de ostentosa, pero mucha gente ve a Barney como a un oportunista que a pesar de esconderse bajo el lujo de un trabajo tecnológicamente perfecto, no tiene ninguna forma coherente de explicar o solventar sus ideas. En todo caso, debo decir que es visualmente impresionante, y a mí como que me convenció.
Fuentes:
http://www.cremaster.net
PATRICIA VILLANUEVA
Artista Plástica